Magia divina

Estás en el invierno,

en el verano,

cuando la pena llega.

Te encuentras a todas horas,

incluso en los cambios de horario.

Estás siempre puntual

como una ola en el mar.

Me acoges con tus suaves brazos,

que se expanden como alas,

para darme un abrazo.

Conmueves todo lo que tocas,

conviertes las sombras en esperanzas.

Levantas los ánimos,

hasta de almas rotas.

‘Eres magia divina‘, te dicen;

tú sonríes y disientes,

te sacudes la soberbia

y te llevas el oro de tu cuerpo

a curar otros amores.

Tu fantasma

No puedo seguir alimentando tu fantasma,

pues se alimenta de recuerdos 

que me roban la voz. 

Bebe mis ilusiones,

masticando mis sueños.

Déjalo devorar lo prohibido

aquello que no alcanza.

El amor perdido,

que dejó sin pedir venganza.

Llévate a tu fantasma lejos,

lejos de mí y mis fragancias.

Que se perfume de rosas secas 

admirando nuestras esencias.

¡Aleja a tu fantasma de mis números!

De los años que me alcanzan,  

aléjalo del reloj de arena 

y las penas que envenenan.

No me vuelvas a pedir perdón sin hablar,

tu fantasma no basta;

ni para mentir,

ni para llorar,

mucho menos para ocultar

que a otras no has podido amar.