Necedades

Los vidrios rotos,

las cartas que han sido quemadas,

las señales ignoradas;

no dan paso al abasto de bebidas

ni a la escasez de amor. 

Las carencias no son más que heridas 

que anulan a la razón.

No es extraña la agonía,

cuando solo quiere al corazón.

El perdón se nos vuelve un pecado 

más monótono que la ilusión. 

Magia divina

Estás en el invierno,

en el verano,

cuando la pena llega.

Te encuentras a todas horas,

incluso en los cambios de horario.

Estás siempre puntual

como una ola en el mar.

Me acoges con tus suaves brazos,

que se expanden como alas,

para darme un abrazo.

Conmueves todo lo que tocas,

conviertes las sombras en esperanzas.

Levantas los ánimos,

hasta de almas rotas.

‘Eres magia divina‘, te dicen;

tú sonríes y disientes,

te sacudes la soberbia

y te llevas el oro de tu cuerpo

a curar otros amores.

Tu fantasma

No puedo seguir alimentando tu fantasma,

pues se alimenta de recuerdos 

que me roban la voz. 

Bebe mis ilusiones,

masticando mis sueños.

Déjalo devorar lo prohibido

aquello que no alcanza.

El amor perdido,

que dejó sin pedir venganza.

Llévate a tu fantasma lejos,

lejos de mí y mis fragancias.

Que se perfume de rosas secas 

admirando nuestras esencias.

¡Aleja a tu fantasma de mis números!

De los años que me alcanzan,  

aléjalo del reloj de arena 

y las penas que envenenan.

No me vuelvas a pedir perdón sin hablar,

tu fantasma no basta;

ni para mentir,

ni para llorar,

mucho menos para ocultar

que a otras no has podido amar.

Umbrales

Me has cerrado las puertas del amor,

Me has dicho que lo nuestro es un error,

Que no se mezclan los triunfos y los fracasos.

Me has lastimado con tu mirada hiriente

Y has dibujado mil espinas de frente,

Ya no me quedan corazones latentes.

Todos los umbrales los has alejado,

Las lunas rojas ya se han marchado

Las flores marchitas no han resucitado.

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Terrenal

Los colores dorados abundan en el mercado,

Los puestos ambulantes,

Los amantes que son de antes

Y los carros que salen ilesos.

La ciudad devora hombres,

O los hombres devoran la ciudad.

El capitalismo se come a los clientes

Y los clientes a su felicidad.

Los bares tapizados de gente

Que entre el vaivén y la sombra

Alumbran pidiendo otra ronda.

No queda nada del que fue y del que vino,

Todo lo encontrado ha sido perdido.

Las calles, océanos de gente

Y el océano arroyo sobreviviente

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Acantilado

Me tiré al acantilado con los ojos cerrados

no quise mirar hacia abajo ni medir distancia.

Me entretuve en la visión de tu cara,

toqué tus mejillas mientras caía,

te besé los ojos

y te acaricié el alma.

Suavemente juntamos nuestros corazones

mientras hablábamos idiomas que solo tú oyes.

Nuestros cuerpos sonrieron al besarnos,

la luna nos cubrió de estrellas

lentamente nuestros cuerpos se llenaron de destellos.

Mas ni la gravedad ni la realidad podían ser evitadas

y toqué fondo al caer a un río.

Tu figura disipada,

no más estrellas 

no más destellos,

La luna había sonreído y no dijo nada. 

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La búsqueda

Debajo de los coches,

perdido entre los bosques,

nadando en mi playa,

te busqué y no estabas.

Recorrí el sur de dos mundos;

me transporté al 5D

y tu rastro no encontré.

Llamé a tu madre y a tu padre.

Me subí al arcoíris en la Antártida.

Me sumergí en el Amazonas

y escuché que tu sonrisa no perdona.

Viajé en el tiempo,

crucé el estrecho de Bering.

Conocí a tus ancestros,

a tu espíritu sin cuerpo,

pero ahí tampoco estabas.

Torero

Nacido en España y adoptado por el mundo,
él se ha criado.
Enfrenta sin miedo sus derrotas
pues alberga en él esperanzas remotas.
Dispuesto a ponerse los cuernos
procede a entrar al ruedo.
Con su hermoso traje de luces, levanta
la vista al cielo.
Dispuesto a perderlo todo, la pasión va
con ello.
 Es el momento del comienzo, el final o el
tropiezo.
Sólo en Dios está el hecho.
Puede sentir sobre su ropa la sombra
que el miedo adopta.
Mas aquella pasión ardiente,
 lo ha llevado a colocarse
entre la vida y la muerte.
El recorrido de su vida lo abrume,
huele la vida como un cruel perfume,
el instante sepultado sobre aquellas cruces.
Ha ganado su faena como una obra de arte,
ha encontrado en ella la sonrisa estimulante.
Ha matado a lo profundo, el estoque llamó
 la muerte.
La gente en la plaza levanta la alegría,
 él respira un  nuevo día.
Su esbelta figura se ve congraciada,
 ha ganado una de veinte mil batallas.
Con sangre en su traje siente orgullo,
ha hecho lo que de él nacía.
Arriesgarse a la muerte y aferrarse
 a la vida,
La adrenalina corriendo, desafiando el
peligro, sólo él conoce lo que es estar
arriba.
Donde sólo el que acelera el corazón, ondea
el capote y enfrenta a la bestia,  ríe de
placer y miedo.
La plaza grita: ¡Se ha ganado el cielo!,
por fuera susurran se irá al infierno.
Comienza de nuevo, retando a la víctima
o victimario.
El entrega su vida, su corazón y algo inmenso.
La afición no cree lo que ve,
mientras que el cielo implora OLE OLE.